Vivimos en un mundo lleno de miedo. Nos han educado para tener miedo. No sé si habéis visto la película de dibujos de “El valiente Desperaux” pero cuando nace sus padres están preocupados porque el pequeño no tiene miedo…

Nos asustan. Nos acobardan. Minimizan nuestra capacidad de cambiar cosas. Nos engañan y nos meten en la cabeza que sufriremos, que no podemos, que somos poca cosa.

Pero si Dios es mi padre y estoy hecho a su imagen y semejanza… Si Dios me cuida, me protege, vigila mis pasos… ¿Por qué sigo siendo un cobarde? El ángel se presentó a María y le dijo que no tuviera miedo. Jesús envía a los 72 y les dice que entren en la casa que les acoge y digan “paz a esta casa”… El miedo es libre y humano. Pero es el que hace hundirse a Pedro en el agua cuando camina hacia el Señor.

Yo no me considero cobarde. Algo mediocre en algunas cosas pero valiente en otras. Necesitamos valientes. Dispuestos a vivir el Evangelio. Dispuestos a amar hasta el final.

Un abrazo fraterno

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