¡Piensas como los hombres, no como Dios! (Mc 8, 27-33)

¡Vaya rapapolvo le ha caído a Pedro! Todo por intentar persuadir a Jesús de que ese final de sufrimiento no tenía porqué darse si Él no quería. Supongo que Pedro actuaría de buena voluntad. Tal vez he aquí el problema. A veces la buena voluntad nos juega malas pasadas. Por intentar evitar una situación de sufrimiento, de dolor, de inseguridad, de desamparo, de soledad… al final, sin darnos cuenta, somos capaces de renegar de aquello para lo que fuimos creados, de aquello que Dios espera y sueña de nosotros en cada momento.
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Intuyo que la reacción de Jesús fue tanto más brusca al tratarse de uno de los amigos que más amaba. Era Pedro el que estaba siendo su “piedra” en el camino. A Jesús le dolería ver que Pedro no se estaba enterando de nada, que se estaba quedando con lo bonito de “seguir al Maestro”, que en el fondo quería evitar las consecuencias inevitables de aquellos años de liberación, predicación, testimonio… Por otro lado, Pedro podía llegar a ser una tentación real para Jesús. De ahí el enfado. Eran sus amigos. Los amaba. Se sentía a gusto con ellos. ¿Por qué no seguir predicando, seguir viajando… pero sin llegar a mucho más? ¿Por qué no disfrutar en parte la vida junto a esos con los que tanto había vivido ya? La tentación es fuerte.

Yo a veces vivo situaciones parecidas. Y más complicado es cuando son los que más cerca tienes los que te tiran, con toda la buena voluntad del mundo, hacia el otro lado. Hace falta perseverancia para mantenerse en las decisiones tomadas, en las misiones asumidas. Esto hay que tenerlo claro: somos débiles. Cualquier despiste puede llevarnos a quedarnos a medias, cualquier “buena voluntad” puede echar al traste la radicalidad del seguimiento. ¡Qué importante es que los demás nos ayuden en esto, que no sean tentación! ¡Qué importante es verla venir y mantenerse firme en los planes del Padre!

Un abrazo fraterno

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2 comentarios en “¡Piensas como los hombres, no como Dios! (Mc 8, 27-33)

  1. Y Jesús nos pregunta ¿Quién decís que soy yo?, y ahí está, o debe estar, nuestra respuesta personal, al nuestra unicamente. Claro, como dices, a veces resulta complicado no dejarse arrastrar. Quizá sea mucho más fácil mantenerse en la postura sencilla de “pescar pero no mojarse los pantalones”
    Así que nada, espero poder contemplar cara a cara su rostro, espero poder seguir encontrándome con Él, para poder dar mucho más allá de lo que doy.
    Gracias por tus diarias reflexiones.
    Un besote

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  2. Y Jesús nos pregunta ¿Quién decís que soy yo?, y ahí está, o debe estar, nuestra respuesta personal, la nuestra unicamente. Claro, como dices, a veces resulta complicado no dejarse arrastrar. Quizá sea mucho más fácil, y cómodo, mantenerse en la postura sencilla de “pescar pero no mojarse los pantalones”
    Así que nada, espero poder contemplar cara a cara su rostro, espero poder seguir encontrándome con Él, para poder dar mucho más allá de lo que doy.
    Gracias por tus diarias reflexiones.
    Un besote

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