… conmigo lo hicisteis. (Mt 25, 31-46)

Puede que el Evangelio de hoy nos suene a típico y a tópico. Es de estos fragmentos de la Palabra tan peligrosos por ser tan conocido, por estar tan machacado. Da la sensación de que nada nuevo puede ya aportarnos en el tiempo. Y resulta que hoy una nueva luz ha abierto en mi vida.

Siempre me había puesto frente a esta Palabra con la sensación de estar siendo interpelado o llamado a ayudar al prójimo, a visitar enfermos y presos, a dar de comer y de vestir al pobre… porque eso era del agrado de Dios. Esta visión a veces me llevaba a pensar lo poco que estaba HACIENDO yo con los demás, lo poco que estaba AGRADANDO  a Dios. Pero hoy, al meditar esta Palabra en comunidad, ha sido otra cosa la que ha enganchado a mi corazón y a mi mente. Una visión mucho más comprometida, una manera de SER en la vida, de posicionarse frente a los demás y, por lo tanto, frente a mi mismo.

Jesús no nos dice que demos de comer al hambriento, de beber al sediento, que visitemos a enfermos y presos… porque eso le gusta a Dios. Jesús nos dice que CUANDO HAGAMOS ESO A CUALQUIERA DE NUESTRO PRÓJIMO SE LO ESTAREMOS HACIENDO A ÉL MISMO. Y mi corazón y mi mente enseguida extraen una clara conclusión: Dios es mi prójimo, Dios se manifiesta en mi prójimo, a mi Dios se llega por mi prójimo. En vez de mirar tanto al cielo estoy llamado a descubrir que Dios está y es cada persona que me rodea, que me sale al paso. Y además, y muy importante, Dios está en mi mismo y yo mismo soy Dios. Y esta visión e imagen de Dios debe configurar mi vida. Cuando descubra a Dios en mi dejaré de hacer y experimentar otro tipo de búsquedas y procuraré cuidarme, atender a mi cuerpo, ser consciente de mis necesidades, crecer en madurez, en espiritualidad y en formación, amarme más a mi mismo… Cuando descubro a Dios en mi prójimo aprendo a mirar a los ojos, a acariciar el cuerpo y el corazón, a ser bastón para sus caminos, a no tener miedo ni a hacer juicios innecesarios, a atender necesidades básicas… aprenderé que Dios me cuida y me ama a través de mi prójimo y de mi mismo y que es ahí donde debo buscarle para encontrarle.

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Un abrazo fraterno

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