Creo que es una ambición sana. ¡Qué ambicioso soy para otras cosas en la vida y qué poco para parecerme lo más posible a Jesús!

Más que ambicionar carismas el Señor me llama a ser ambicioso conmigo mismo, a hacer de mi lo mejor, a aspirar a amar mucho y bien, a aspirar a ser un gran constructor del Reino. Esto no implica reconocimiento ni publicidad. Es algo que va por dentro. Es ambicionar la paz de Jesús. Es ambicionar el encuentro definitivo con Cristo. Es ambicionar la explosión de mis dones. Es ambicionar… sanamente.

La palabra de hoy me llama a abandonar ciertas mediocridades. Tomo buena nota…

Un abrazo fraterno