Cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor (Lucas 2,22-40)

Hoy leo este fragmento del Evangelio y me dejo tocar por una Palabra distinta a otras veces. Otras veces que leí este texto me intentaba identificar con Simeón, que vive esperando la llegada del Mesías. Hoy me centro en la fidelidad de María y José con las obligaciones de su religión.

Es verdad que absolutizar las cosas y pensar que eres un malo muy malo por no cumplir ciertos mandamientos humanos de la Iglesia, no parece positivo. Parece más bien un sinsentido. Ahora bien, creo que muchas veces caemos en justamente lo contrario: pensar que nada de Dios hay en esas “obligaciones” y que están inventadas por descerebrados que nada tienen que decir sobre mi vida.

Al final se trata de encontrar a Jesús. Y hoy encuentro un testimonio de una familia que cumple con lo que se les ha enseñado. ¿Por qué “cumplir” es tan malo? ¿Por qué hemos vilipendiado ese acto de hacer algo porque hay que hacerlo? En la mesura está el acierto y posiblemente el ejemplo humilde de María y José yendo al Templo puede ayudarnos, al menos, a darnos una vuelta. Jesús, el mismo que pone patas arriba muchos de los vicios en los que había caído la religión judía, es tremendamente respetuoso y cumplidor con aquello que le lleva a Dios.

Tarea nuestra es descubrirlo, con su ayuda.

Un abrazo fraterno

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