Fui forastero y me hospedasteis (Mateo 25,31-46) – Lunes I de Cuaresma

Cierto es que por mucho que tengas leído un pasaje del evangelio, cada vez es nueva, cada momento es distinto, cada Cuaresma es la primera. Este pasaje de Mateo es archiconocido pero hoy, en la oración de la comunidad, me resonaba de manera especial.

Tenemos cerca casos ya de serios problemas económicos. Una familia cercana está esperando ya la ejecución de deshaucio por parte del banco y tiene necesidades económicas concretas para, al menos, que le banco le acepte la dación en pago y, tras eso, la circunstancia de buscar un nuevo sitio donde vivir y cuidar a las dos hijas que forman parte del matrimonio. La situación es realmente dramática.

¿Qué se supone que debemos hacer? ¿Mirar a otro lado? ¿Contentarnos con ayudarles a buscar, a salir del paso, a ponerlos en contacto con otros organismos y entidades? Seguramente haya que hacer eso pero… ¿y mientras no hay solución qué? No me sirven los argumentarios de las cosas o acciones que hayan podido hacer mal, de las decisiones equivocadas, de que yo ahora lo haría de otra manera… Todo puede ser verdad pero al final ¿qué?

El Evangelio toca de lleno hoy mi corazón y siento que hay un mandato de Jesús de auxiliar a mi prójimo en lo que haga falta. Por Él. En estos duros momentos no valen las medias tintas. Yo no quiero vivir con mi conciencia anestesiada. Que el Señor nos ilumine y nos dé luz para tomar las decisiones adecuadas.

Un abrazo fraterno

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