En año de sequía no se inquieta (Jeremías 17,5-10) – Jueves II de Cuaresma

No sé si es casualidad o fruto de un simbolismo especial el que precisamente con la que nos está cayendo en España nos asome por la puerta una sequía profunda. Después de este invierno sin lluvias, el aire está sucio, los campos secos, las pieles irritadas y los ánimos sombríos.

Es, sin duda, un tiempo de prueba; como una Cuaresma a lo bestia. Familiarmente las dificultades son varias pero, gracias a Dios, las raíces de las que habla Jeremías están echadas y creo que nuestro amor, nuestra confianza en el Padre y nuestra esperanza van a sostenernos en este tiempo incierto y complejo.

Esto que aquí escribo me emociona fuertemente. Me siento amado y cuidado por el Padre. Me siento protegido. Me siento sostenido.

Un abrazo fraterno

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