Corazón endurecido (Sabiduría 2,1a.12-22) – Viernes IV de Cuaresma

El corazón se endurece a menos de que uno esté por la labor de mantenerlo esponjoso y flexible. Cuando uno deja de ejercitarse en el amor, el músculo del corazón se pone duro y luego, cuando llega el momento de amar, no responde a las expectativas. Se queda pronto sin oxígeno y no permite hacer lo necesario para llegar a buen puerto. Por eso hay que amar mucho todos los días.

Hay que empezar por amar a Dios a diario. Por cuidar la oración. Dialogar con Él, ponerlo en el centro y dedicarle un tiempo. Hay que seguir con nuestro prójimo más cercano: nuestra familia, las personas que nos rodean, nuestros amigos, aquellos que necesitan de nuestro cariño aunque nosotros pensemos que no se lo merecen… Y luego hay que mirarse y quererse también, aceptarse como uno es y descubrir la huella de Dios que nos creó.

Hay que estar en forma!!! Un abrazo fraterno

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