Si muere, da mucho fruto (Juan 12,20-33) – Domingo V de Cuaresma

La lectura de Juan de hoy viene al pelo de lo que he vivido esta tarde.

Esta tarde estuve en una celebración. Otros le llamarían funeral pero lo cierto es que no me pega nada lo que implica esa palabra con lo vivido, on lo escuchado, con lo compartido hoy. A ella la conozco desde hace muchos años, cuando, todavía en el cole, se empezaba a asomar a los grupos de Caminando, a las Pascuas juveniles, a los encuentros en los que yo estaba de monitor, de coordinador… La vi crecer en su fe y descubrí en su adultez a una mujer auténtica, luchadora, valiente… A él lo conozco poco. Lo vi una vez, en Cercedilla, pero entiendo que si supo ver en ella a alguien valiosísimo, con quien querer compartir la vida, es porque su mirada era también especial. Él se fue hace unos días después de un largo y doloroso cáncer.

Seguí un poco todo este proceso desde la distancia cercana, gracias a los email que ella mandaba contando cómo iba el asunto. Eran correos llenos de Dios, escritos por el Espíritu. Dios se había propuesto hacer algo grande con ellos y su matrimonio, con su testimonio, con su verdad. Y creo que lo ha conseguido.

La noche de hoy sólo puede terminarse con un GRACIAS con mayúsculas. GRACIAS por ser un afortunado y poder ver y escuchar esta historia de amor. GRACIAS por sentirme parte. GRACIAS porque Dios, el Señor, ha venido a visitarnos esta Cuaresma.

Un abrazo fraterno

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