El Dios verdadero (I Reyes 18, 20-39)

No siento que me sea fácil hoy, a los ojos de la gente, hacer ver que mi Dios es el Dios verdadero, el Todopoderoso, el que, como dice el salmo, me protege y me sacia de gozo. Elías tampoco lo tuvo fácil pero confiaba enormemente en su Señor, en el Señor que, a la postre, lo había enviado.

Elías sabía, primero, que la gente no iba a caer de la burra por él. No era Elías quien debía convencer. No era Elías quién como para transformar mentes y corazones. No era Elías tan bueno ni tan perfecto como para que toda aquella muchedumbre, que creía en otros dioses, se pasara a su Dios. Elías sabía que era Dios quién podía hacerse presente y cambiar la mirada de aquellos hombres y mujeres. Elías, lo único que hizo (¡más que suficiente!), fue preparar el terreno propicio para que Dios se manisfestara y los ojos de aquella gente fueran capaces de reconocerle.

Elías prepara el terreno con su vida, con su testimonio, siendo el profeta que Dios le ha pedido ser. Eso se me pide a mi hoy también: llevar una vida de Dios, dar testimonio de su Evangelio, ser el profeta del Señor en pleno 2012 denunciando las injusticias, exhortando a cambiar y sosteniendo la esperanza. Y después Elías deja a Dios ser Dios. Hace lo que le pide y confía en la acción del Todopoderoso. Reconstruye su altar y ora.

Preciosa lectura la de hoy de Elías. Gracias Señor por esta Palabra que zarandea mi vida.

Un abrazo fraterno

 

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