Atiende a mis gemidos (Salmo 5)

La lógica de Jesús no es fácil de entender. Es comprensible la palabra del salmista pidiendo a Dios que escuche sus gemidos, que atienda sus súplicas… No es comprensible que un Dios que aborrece a los malvados y protege a quien le ama sea capaz de permitir tanto sufrimiento en sus hijos queridos.

No se entiende. No se entiende la otra mejilla, ni la túnica… No se entiende. Y es difícil de soportar cuando esos gemidos, esos gritos de auxilio… no parecen ser escuchados ni atendidos. ¿Qué hacemos?

Yo creo que lo único que se puede hacer es permanecer fiel, seguir amando en un tiempo de aridez aunque sea un amor forzado y obligado. Orar y confiar. Y dejarte sostener por otros hasta que puedas volver a sostenerte por tus propios medios, como aquel paralítico que es presentado a Jesús a través del techo y gracias a un grupo de amigos que lo trae, lo lleva, lo mueve, lo sube y lo pone delante del Padre. A veces uno no es capaz de andar solo.

Un abrazo fraterno

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