El Evangelio de hoy mezcla dos historias muy impactantes. Me quedo dándole vueltas al párrafo de la hemorroísa que, al tocar el manto de Jesús, llama la atención del Maestro y queda curada.

¿Por qué tocarle el manto? ¿Es que no hubiera llegado con desear la curación? ¿Es que no hubiera llegado con la mirada del Maestro, con una palabra, con un gesto? ¿Por qué esta mujer se empeña en tocarle el manto?

Además de todo el significado que tiene el “manto” en el mundo judío, hoy en la oración, Dios me cuenta lo importante que es estar en contacto con Jesús. Tocarle, comerle… A veces no llega sólo con mirarle, con hablarle, con verle… Hay que ir hasta el final con Él

Y entonces el milagro se produce…

Un abrazo fraterno