Mil años son un ayer (Salmo 89)

Nos creemos tan importantes… tan grandes… tan invencibles… Tal vez, el mayor de los males en el ser humano es el de la soberbia. Sobrepasar su condición y creerse, realmente, que es Dios.

Creemos que todo gira a nuestro alrededor, que controlamos cada minuto de nuestra existencia, que podemos crear y destruir a nuestro antojo. Creemos que todo es nuevo y que todo lo hemos inventado, cuando lo profundo del hombre y de las generaciones, los impulsos divinos y las bajas pasiones siguen siendo las mismas.

Somos una gota en el océano de la eternidad. Un pasito más en los planes de Dios con el hombre. Un renglón en la historia. Un capítulo de la historia.

Postrémonos a los pies de la cruz y, sintiéndonos pequeños, adorémosle a Él y pongamos toda nuestra confianza en sus manos clavadas al madero.

Un abrazo fraterno

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