Acuérdate del Señor, tu Dios (Deuteronomio 8, 7-18)

La primera lectura de hoy es tan… cierta, a veces. Es como si Dios fuera el repositorio de nuestras quejas y problemas. Le pedimos, le rogamos, queremos que nos evite dolor, que cambie nuestras circunstancias, que nos salve de alguna manera… y cuando las cosas empiezan a ir bien, olvidamos a Dios.

¿Le ha pasado esto a Occidente? ¿El bienestar aleja de Dios? ¿No puede ser de otra manera? Pues lo cierto es que no lo sé. Pero sí parece claro que cuanto más rico es uno, mejor le van las cosas, más prósperamente vive, etc. más se aleja de su Padre. ¿Es propio del ser humano esta actitud? Pues no lo sé… Yo intento que en mi vida no sea así. Intento ser agradecido cada día por lo mucho que tengo, de lo mucho que amo y que me aman, de lo muy afortunado que me siento. Pero es verdad que cuando uno se llena de cosas… tal vez no quede sitio para Aquél a quién acudimos en tiempos de oscuridad.

Un abrazo fraterno

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