¡Qué alegría más grande, María! (Lucas 1, 26-38)

Hoy es el día de la Anunciación. El comienzo de una historia en la que he comprometido mi vida. Una mujer, joven, humilde… señalada por Dios desde su nacimiento para este momento. “Hágase en mi según tu palabra” respondió…

A veces nos gustaría profesar una religión pagana en la que el dios o dioses de turno estuvieran contentos y nos protegieran por ofrecerles algún sacrificio que otro. Que si ahora un cordero, que si ahora un pichón, que si ahora una virgen… Muy cruento pero ¡muy sencillo!

Nuestros Dios, el Dios de nuestros Padres, el Dios de Jesús, va al fondo y no es amante de lo superficial. Es un Dios celoso y no se anda con tapujos. Quiere que le queramos de verdad, que nos entreguemos a Él, que lo miremos a los ojos y, como María, desde nuestra total libertad, pronunciemos nuestro “hágase” particular. De eso se trata: de su voluntad.

¿Cuáles son los pasos que nos ha enseñado María? Estar a la escucha, confiar y responder “aquí estoy”.

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Y ahí están también las dificultades: no ser capaces de escuchar, envolvernos de ruido, de estorbo alrededor… No confiar, querer entenderlo todo, no dejar espacio a la acción misteriosa de Dios… Acobardarnos y mirar hacia otro lado, decir que sí, que le queremos pero que no, que no lo vamos a hacer…

Hoy, Señor, me pongo en tus manos para escuchar más, confiar más y ser más dócil a tu voluntad.

Un abrazo fraterno

 

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