Id y que la fuerza os acompañe… (Marcos 16, 15-20)

Leo el Evangelio desde la perspectiva de uno que recibe de Jesús el mandato de anunciar la Buena Noticia allí donde vaya, allí donde no haya llegado. La tarea es, sin duda, ardua y complicada. Jesús, y Él lo sabe, me envía a batallar.

¡Qué claro lo tenía ya Pedro a esas alturas cuando escribe esa carta que leemos hoy! Pedro habla de enemigos. star-wars-photo-star-wars-6236002¡Enemigos! ¡Con lo bueno que soy yo! ¡¿Cómo una buena persona puede tener enemigos?! Pues sí, los tiene. Al diablo no le gustan las buenas personas y busca el momento idóneo para atraparnos en nuestros flancos más desprotegidos. Todos los tenemos. Yo los tengo. Recuerdo cuando era pequeño y mi madre me decía “¡cuidado hijo! ¡el demonio te pilla en el aburrimiento!”, cuando me veía aburrido en el sofá. A otros les pilla en el espejo, a otros en la comida, a otros en la imaginación, a otros en el deseo… Cada cual es tentado allí donde más vulnerable es. Y es allí, pues, donde tengo que colocar más sensores: que cuando el diablo asome la cabeza, suene rápido la alarma…

Sí, toca luchar. Esto de ir y anunciar el Evangelio tiene sus consecuencias. Y es mejor estar preparados para el padecimiento y la dificultad. ¿Cómo combatir?

El Señor, el Evangelio lo dice al final, no se quita del medio y me deja solo ante el peligro. El Señor nos hace fuertes y colabora, además, con signos que acompañen a nuestra acción evangelizadora. ¡Los que van de parte de Jesús y hablan de Jesús y como Jesús… tienen algo de especial! Las cosas salen cuando no te lo esperabas, las vidas con las que te cruzas son tocadas por la luz que te acompaña, los peligros acechan pero no terminan de tumbarte… Cuando uno se pone de parte de Dios es capaz de abrir las aguas, de liberar un pueblo, de sanar enfermos, de ser la palabra necesaria para aquel que la necesita, la mirada que cambia una decisión, la mano que trae de nuevo al que se había perdido…

Yo intento vivir desde esa confianza y cada día lucho con mi miedo. Cuando uno da un paso adelante y decide seguir al Señor en la tarea que Él inició, ya no hay obstáculos suficientes como para parar la fuerza arrolladora del Reino.

Un abrazo fraterno

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