Papá, ¿me llevas en brazos? (Mateo 11, 25-30)

Si nos fijáramos más en los niños estaríamos más cerca del Reino. Hoy leo la Palabra y me viene una imagen a la cabeza que ilustra perfectamente lo que siento en este momento de oración. Es una imagen cotidiana, que se sucede noche sí, noche también. Cada noche, cuando papá o mamá decimos que es hora de irse a la cama, alguno de los niños, sino los tres, pide que le llevemos en brazos… “-Papi, estoy taaaaan cansado… ¿me llevas en brazos a la camita?” Y papá o mamá les llevamos en brazos siendo también conscientes de que un día añoraremos que alguien nos haga esa petición. El cariño…IMG_2193

Hoy leo el Salmo y el Evangelio y me atrevo a pedirle lo mismo a mi Padre Dios: “- Abbá, no tengo fuerzas. Abbá, estoy agotado. Abbá, necesito un cariño. Abbá, ¿me llevas en brazos al lugar de reposo?” Y Abbá me lleva. El cariño… Porque Abbá no necesita mostrar su autoridad en la dureza. Porque Dios no se juega su omnipotencia y su poder en la aridez afectiva. Muy al contrario, Dios se muestra Padre es su totalidad amándome hasta el fin, acariciándome en mi cansancio, sosteniéndome en mi debilidad, siendo tierno y cariñoso como yo intento serlo con mis hijos. ¡Cuántas veces confundimos la justicia de Dios con la dureza, con la terquedad, con el desamor!

Releo otra vez el Salmo y pienso que debería ser el salmo de cabecera de todo misionero, de todo testigo, de todo apóstol que quiera acercar a las personas a Dios. Dios te perdona todo, Dios rescata tu vida, Dios te colma de bendiciones, Dios es compasivo y misericordioso, no te acusa ni te guarda rencor por tiempo, es tierno y justo… ¡No me digáis que no es hermoso! ¡No me digáis que no gusta que te digan eso de Dios! ¡No me digas que no debe ser lo primero de nuestra evangelización!

Navego en las redes sociales y en demasiadas ocasiones, de aquellos que pertenecemos a la Iglesia, leo normas, críticas, ataques… Una Evangelización extremadamente centrada en las normas morales. Una especie de cuestionario de entrada a la Iglesia que se supone que cumplimos unos y que todo aquel que quiera entrar debería cumplir… Muchas veces, incluso, nos enzarzamos nosotros mismos porque ni siquiera nos ponemos de acuerdo, demostrando una supuesta fuerza que no es más que debilidad. ¡Y qué poco hablamos y contamos lo bueno que es Dios! ¡Qué poco hablamos y mostramos su ternura! ¡Qué poco hablamos del cariño hacia sus hijos, de su manga ancha, de sus memoria pasajera…! ¡Qué poco salimos ahí afuera y mostramos el verdadero rostro misericordioso del Padre! Qué poco tiernos, cariñosos, misericordiosos y compasivos somos muchos cristianos con nuestros hermanos…

Sólo las normas no hacen funcionar una casa ni educan el corazón de un hijo. Es sobre todo el amor, el detalle cariñoso, el que une la familia… el que predispone el corazón.

Un abrazo fraterno

 

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