¡Gentiles! ¡¡¡Cuidado que entran…!!! (Hechos 15, 7-21)

No me digáis que el fragmento de Hechos de hoy no os resulta familiar. ¡Tantos años después y a veces tengo la sensación de que seguimos en el mismo punto, con las mismas discusiones internas, que aquellos primeros apóstoles llenos de dudas en su evangelización! Sin más, recuerdo los primeros días del papado de Francisco, llenos de opiniones, comentarios, discrepancias, debates… mucho de ello como consecuencia de “la Iglesia pobre, de los pobres” de Francisco, o de las esperanzas que depositaban en el nuevo Pontífice ateos, judíos, determinados teólogos…

No aprendemos. Debe ser que la naturaleza humana nos puede y que acabamos convirtiendo todo en una lucha de poder. Al final, señores, es eso: una lucha de poder. Los míos contra los otros. Lo que yo pienso cpntra lo que piensan los otros. Mi verdad, que por supuesto es la verdad, contra la mentira y la falacia de los herejes. Bandos, sectores, blancos y negros… No aprendemos. Igual que les pasaba a nuestros antepasados en la fe, nos perdemos en vericuetos no tan importantes; en detalles, en debates interesantes pero nada fundamentales… Nos dejamos enredar hasta que, muchas veces, no sabemos ya desenredarnos.

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Sigue habiendo gentiles. Y desde la Iglesia seguimos etiquetando a muchos. Los gentiles… Los de fuera. Los pecadores más pecadores. Los más terribles. Esos que están fuera de toda norma. A veces no lo decimos de esta manera (a veces sí) pero yo percibo que ese sentimiento subyace en nuestro proceder. Los gentiles… Y convertimos su posible salvación en una losa pesadísima hecha de normas, preceptos, dogmas, penitencias… Les invitamos a entrar pero les ponemos la puerta de entrada tan inaccesible… Eso es trampa. Una trampa de muy mal gusto, por cierto. ¿No será que tenemos miedo de que entren? ¿No será que tenemos miedo que nos cuestionen? ¿No será que tenemos miedo de comprobar que Dios les quiere por igual? ¿No será que perdemos el poder, la superioridad moral, el hombro por encima del cual mirar?.

Hoy me tomo esta Palabra como un aldabonazo. Tal vez Jesús viene a recordarnos, una vez más, cuál es la puerta, para nosotros y para los gentiles: Él. Y oyendo sus Palabras del Evangelio, oyéndolo hablar de amor y alegría… uno piensa por qué nos empeñamos en seguir vistiendo de negro aquello que está lleno de color.

Un abrazo fraterno

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