¿Café para todos? No, gracias… (Juan 16,12-15)

Qué misterioso se hace el evangelio de Juan en muchos de sus pasajes y, especialmente, es esta parte en la que Jesús resucitado va apareciéndose y despidiéndose de los suyos. Pero hoy, es verdad, salgo algo en claro: Jesús nos conoce y sabe en qué tiempo y momento estamos cada uno.

IMG_1268Debemos aprender de la lección que hoy nos da Jesús. Cuántas veces, en nuestro ser apóstoles, en nuestro testimonio… pasamos por encima de todo, entramos como elefantes en una cacharrería con el objetivo de anunciar el Reino pero sin medir y pensar qué necesita la persona que tengo enfrente, cómo necesita recibir ese mensaje y cuál ha sido y debe ser su proceso. Jesús sabe a quién habla siempre. Por eso no le habla igual a la adúltera, que a la samaritana, que a Tomás, que a Pedro, que a la Magdalena… Jesús NOS CONOCE y nunca elige el “café para todos” en su misión. Jesús personaliza y adapta palabras y tiempos a la persona con la que se ha encontrado. ¿Qué hacemos nosotros?

La exigencia de Jesús es máxima. Hoy les dice a los apóstoles que todavía no pueden cargar con determinadas cosas. No cambia la cosa, ni el mensaje, ni lo que tiene que anunciar o decir… pero sabe que una palabra dada hoy puede caer en saco roto, generar efecto contrario, crear confusión… o lo que sea. Cada uno necesita su proceso y Jesús es perfecto conocedor de ello. Nuestra tarea evangelizadora debe ser igual.

1. TENER MUY CLARO EL MENSAJE, LA BUENA NOTICIA, QUE QUEREMOS TRANSMITIR. Eso implica haber tenido un proceso personal, ser fieles en la oración, vivir en Dios, ser dóciles al Espíritu, haber tenido experiencia de encuentro con Jesús… Implica haber vivido lo que voy a anunciar.

2. CONOCER A CADA PERSONA a la que me dirijo. Eso es lo óptimo, por eso Jesús alternaba sus grandes predicaciones, multitudinarias, con los encuentros personales que cambiaban vidas radicalmente. Busquemos el uno a uno. Escuchemos, entendamos, amemos a aquel con el que me encuentro… quién es, qué ha vivido, cómo está, qué siente… cuál ha sido su proceso…

3. DEJAR QUE DIOS HABLE POR NOSOTROS y no querer ser los salvadores de nadie. Dejar que sea Dios quien establezca tiempos, palabras, gestos… Recordarnos que sólo Él salva y que nosotros somos meros instrumentos, frágiles instrumentos… Ser prudentes, orar mucho, no caer en la tentación de los “arreglavidas”, de los “recetarios”, de los “solucionadores” profesionales. Ser transmisores del Espíritu, ser su boca, sus manos, su corazón…

La pedagogía de Jesús es admirable. Tomemos nota.

Un abrazo fraterno

 

Anuncios

3 comentarios en “¿Café para todos? No, gracias… (Juan 16,12-15)

  1. Y, sin embargo, yo me he sentido al mismo tiempo Magdalena, y Zaqueo, y Pedro y Tomás. Me he sentido la hemorroísa queriendo tocar la orla de su manto. Me he sentido la mujer adúltera y el publicano. Y Jairo suplicante y el centurión… Y he mendigado las migajas para los perritos. Sí, todo al mismo tiempo, porque en un instante necesité toda (en negrita, cursiva y subrayado) su infinita misericordia. Como todos ellos. Y sentí su infinito amor, también como todos ellos.

    Ya sé que hablas como misionero 🙂

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s