¿Me quieres? o la incomodidad de no amar por costumbre (Juan 21, 15-19)

Eso de que el amado te pregunte si le quieres… no mola. Por varias razones. La principal de ellas es porque exige una respuesta clara, frente al amado. Una respuesta expresa, una afirmación hablada… Incomoda porque te pone delante de ti mismo y de ese amor tantas veces sobreentendido.ScreenShot530

No se puede ser cristiano por costumbre. La nuestra no es una fe que se sobreentiende. Mi amor por el Señor no puede ser algo que doy por hecho, que no me he planteado nunca, no puede ser un amor por defecto. Eso es lo que Jesús quiere desmontar.

El amor por defecto, el amor que no se reafirma, se muere. Se muere en el olvido. Se muere en la rutina. Se muere de frío, de sed, de silencios.

¡Qué fácil es querer a Jesús dejándome llevar! ¡Cuántas veces veo las dificultades, las crisis, las persecuciones… la cruz… como algo que me molesta, que me incomoda, que me agota! “¿Me quieres?” me pregunta el Señor. Y tengo que responder. Hacerme consciente de quién es Él, de qué me propone, de la historia que llevamos juntos, de nuestros momentos de encuentro, de nuestros desencuentros y diferencias… Hacerme consciente de lo que eso significa, de lo que implica en mi vida. Escuchar a mi corazón y a mi cabeza, y a mi cuerpo. Mirarlo, mirarlo, mirarlo… y responder.

Hoy es un día de renovación. Mañana renovaré mi promesa de pertenencia a la Fraternidad TDH en la Escuela Pía. Y pensaré en esto. “¿Me quieres?” me pregunta el Señor… Sí, Señor. Te amo.

Un abrazo fraterno

 

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