En tiempos de hipotecas… el mejor aval: DIOS (Eclesiástico 2, 1-13)

Hijo mío, cuando te acerques al temor de Dios, prepárate para las pruebas;
¿Es que Dios me prueba? ¿Prueba mi amor? No creo que sea eso, aunque podría. Creo más bien que apostar por Dios trae consecuencias. Ya nada es igual. El mundo funciona de una manera y yo ya funciono de otra. Y eso me pone delante de multitud de situaciones, personas, etc. que son auténticas pruebas de fidelidad, de compromiso con el Señor. Además, soy tentado. Tentado a olvidarme de los pobres y preocuparme sólo del bienestar de mi familia. Tentado a sacrificar vocación por poder y status. Tentado a dejarme llevar por apetencias e instintos, tentado a participar de la laxitud ética que reina hoy…fe

mantén el corazón firme, sé valiente, no te asustes en el momento de la prueba;
Toda batalla requiere valentía. Quien no quiere problemas, nunca sale a luchar. Se pierde a sí mismo. No es fácil mantener la firmeza, por eso se hace clave tener una comunidad, una parroquia, un acompañante… ¡lo que sea! Solo, uno es extremadamente débil y vulnerable. A veces tengo miedo de fallar, de perder la valentía y tirar por la calle del medio… pero también sé que mi guardia nunca duerme, que me protege, que me quiere, que me cuida…

 

pégate a él, no lo abandones, y al final serás enaltecido.
Cuánta más dura es la prueba, ¡más cerca del Señor! ¡¡Más oración!! ¡¡Más comunión!! Y sí, tengo la confianza de que el final será bueno. ¡¡¡Qué libertad da el saber esto!!! ¡Qué tranquilidad!

Acepta cuanto te suceda, aguanta enfermedad y pobreza,
Esto es muy fácil de decir pero difícil de hacer. Aceptar. Aceptar que mis planes no son los suyos. Aceptar que no todo depende de Dios y que Él permite que la vida siga su curso. Aceptar la cruz. Aceptar que los míos sufran. Aceptar que no todo está bajo mi control y que bastante afortunado soy como para quejarme…

porque el oro se acrisola en el fuego, y el hombre que Dios ama, en el horno de la pobreza.
Lo que sí es verdad es que en la dificultad uno crece, si se sabe amado, claro. Yo lo he experimentado en mi familia, tras la llegada de los niños, especialmente el tercero. Menos cosas. Menos dinero. Menos caprichos. Menos dinero en la cuenta. Casi ningún ahorro. Hemos crecido en imaginación, en austeridad, en capacidad para buscar alternativas, en saber valorar lo importante, en sacrificios de cosas superfluas, en compartir… Somos más libres y tremendamente desprendidos.

Confía en Dios, que él te ayudará; espera en él, y te allanará el camino. Los que teméis al Señor, esperad en su misericordia, y no os apartéis, para no caer; los que teméis al Señor, confiad en él, que no retendrá vuestro salario hasta mañana; los que teméis al Señor, esperad bienes, gozo perpetuo y salvación; los que teméis al Señor, amadlo, y él iluminará vuestros corazones.
Siempre he considerado que la CONFIANZA es uno de los dones que el Señor me ha regalado. Y ¡soy tan afortunado! La vida se vive de otra manera, el equipaje es más ligero sabiendo que el Señor siempre sostiene, nunca falla. Nos llenamos de seguros de coches, de hogar, de robo… ¡¡y luego abandonamos al mayor de los seguros!!

Fijaos en las generaciones pretéritas: ¿quién confió en el Señor y quedó defraudado?; ¿quién esperó en él y quedó abandonado?; ¿quién gritó a él y no fue escuchado? Porque el Señor es clemente y misericordioso, perdona el pecado y salva del peligro.

Esta primera lectura  de hoy es para enmarcar, para leer cada día según me levanto. Necesito, necesitamos, recordar esta Palabra cada día, cada segundo. Necesitamos empaparnos de Dios y creer en Él, creer en Él… en este Año de la FE. Señor, ¡aumenta mi fe!

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Un comentario en “En tiempos de hipotecas… el mejor aval: DIOS (Eclesiástico 2, 1-13)

  1. Y ¿por qué no nos va a probar el Señor? ¿Tenemos miedo a que sea Él el que nos pruebe? ¿Por qué no puede probarnos? ¿Por qué no puede ponernos a prueba? ¿No estamos en sus manos? Simples reflexiones al hilo de tu estupendo post. La Biblia está llena de testimonios de los que sientieron que sí, que el Señor les probaba. Y es un consuelo.

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