Papá, quiero ser sacerdote… (Lucas 22, 14-20)

Mi hijo mayor pasó una etapa en la que decía que no se iba a casar porque iba a ser escolapio y sacerdote. Yo me planteé muy seriamente esa posibilidad con 23 años. Mi abuelo, de niño, se pidió a los Reyes Magos un altarcito y una estola y una sotanita para jugar a ser cura y decir misa… Que viene de familia, vamos… Ser sacerdote siempre es, y fue, una posibilidad real para aquellos que vivimos la vida desde el servicio y, además, hemos recibido una educación católica y sensible a lo trascendente. Luego, la que es ahora mi mujer se cruzó en mi camino y descubrí mi vocación matrimonial y a una vida en familia que me satisface plenamente. Pero tuve abiertas las puertas al sacerdocio hasta que Dios me dejó entrever que lo mío era otra cosa…

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Mi vida ha estado rodeada de sacerdotes y, de casualidad, no me he topado con ninguno que fuera ladrón, pederasta, jugador, sacrílego… (leer con ironía). Me he ido encontrando con sacerdotes maravillosos, cada uno en su manera de ser y de llevar el ministerio. Recuerdo la exigencia de mi confesor en Coruña y cómo, a la vez, yo siempre salía sonriendo del confesionario. Recuerdo los pitillos que se fumaba en clase (¡qué barbaridades se hacían antes!) el escolapio que nos preparó para la Primera Comunión y la importancia que le daba a que nos aprendiéramos de memoria oraciones que, aún hoy, no se me han olvidado. Recuerdo al Mosen que, en un pueblecillo de Barcelona, nos recibía en su rectoría, verano sí verano también, a mi tía y a la familia para darnos de comer, jugar con los niños, compartir su descanso con sus amigos… Recuerdo la atención prestada a las maravillosas homilías de otro, en Coruña, y lo mucho que me construyeron en mis años de adolescencia y juventud. Compruebo cada día la entrega de muchos escolapios que regalan sus 24 horas a los niños, a los jóvenes y a sus familias… que se gastan en su educación, en su futuro… Recuerdo los ratos en el despacho parroquial de Los Rosales programando actividades y pensando las mejores maneras de llevarlas a cabo. Admiro a muchos de los que hoy están a mi lado por su valentía, por su paso firme en un mundo cambiante y tramposo. me encantó “La última cima” y disfruto viendo 13tv…

Si yo fuera joven, me lo plantearía. Me dejaría interpelar por Dios y afrontaría la posibilidad de que Dios me estuviera llamando al sacerdocio, con pasión. Porque ser sacerdote, al final, es vivir una vida apasionante. Ser sacerdote es llevar el abrazo de Jesús en la cruz a todos, al último, a aquel que se ha ido y no sabe cómo volver. Ser sacerdote es dar un paso y otro, y otro más, tras Cristo. Es ser ofrenda total para cada hombre y para cada mujer. Es ser palabra amable y mano tendida cuando ya nada queda, cuando el tornado del pecado se lo ha llevado todo. Es llevar al mundo el mejor PAN y el mejor VINO; ser testigo de la obra de Dios en las personas, acompañar a aquellos que necesitan de esperanza. Es ser palabra y silencio. Es ser mediador entre Dios y el mundo en tantas ocasiones…

Hoy, mi oración se convierte en acción de gracias por todos ellos y en plegaria por su fidelidad. Que el Señor les premie adecuadamente y los conserve en su amor y en su entrega.

Un abrazo fraterno

 

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5 comentarios en “Papá, quiero ser sacerdote… (Lucas 22, 14-20)

  1. Soy madre de un sacerdote y me ha emocinado su carta. El caso de mi hijo fue al revés, él nunca había pensado ser sacerdote, con 21 años ya sacó plaza en un instituto de segunda enseñanza, tuvo novia varios años, pero el Señor tenía pensada para él otra cosa: A través del Camino Neocatecumenal, fue invitado a una convivencia (sería una historia muy larga de contar), y allí el Señor lo agarró como un águila a su presa (qué mala comparación) y fue ordenado el 27 de mayo del año de gracia del 2000 en Macerata, Italia. Yo, todavía no me lo puedo creer, y le doy gracias a Dios por haber elegido a un hijo mío para algo tan grande.

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  2. Somos un matrimonio del Perú y tenemos 10 hijos,(6 varones y 4 mujeres) el Señor nos introdujo a su iglesia hace 28 años,de lo cual estamos agradecidos a El, cada día nos muestra su amor de diferentes maneras Cada hijo que nacía se lo ofrecíamos al Señor para que si era su voluntad lo tomara para su servicio como sacerdote y El nos ha bendecido tomando a dos de ellos Jose Moisés y Jhonathan Elias. .Estamos muy agradecidos al Señor, y todos los días le pedimos que nos permita hacer su voluntad entrando en el altar de la historia..Todos nuestros hijos han venido por cesáreas, y Dios ha preservado la vida de mi esposa , El tenia un propósito con ello..Les pedimos que oren por nosotros y por las vocación de nuestros hijos.. David y Silvia.

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