La alfombra roja nos la hemos inventado para los momentos especiales, para que los grandes, los famosos, los superstar… pisen por ella a su entrada en un gran evento. Los fans se agolpan alrededor de la alfombra roja, ansiosos, esperando el momento para aplaudir, piropear, chillar y venerar a sus ídolos.

Jerusalén ya puso alfombra roja en su momento, para recibir a Jesús. Un rabino judío, famoso, del que la gente había oído hablar, por sus milagros, sus predicaciones, su manera distinta de hablar de Yahvé. Como ahora, también la muchedumbre entregada esperaba con vítores y flashes la entrada del tal Jesús en su ciudad. Al éxito, al glamour, nos apuntamos todos.

El encanto de la alfombra roja es cautivador y enigmático. Sube el ego de quién la pisa y sume a los que la rodean en un estado de euforia colectiva que engancha. Es el camino del reconocimiento, del triunfo ante las cámaras.

¿Por qué no huye Jesús de ese recibimiento? 

¿Por qué, igual que hizo en el templo, no chafa el plan de aquellos que le vitoreaban sin saber muy bien por qué?

¿Por qué la muchedumbre le reconoce como líder?

¿Por qué la visión de un Jesús a lomos de una borriquita no hiere la mirada de aquellos que esperaban un libertador?

¿Qué atemorizó de aquel líder manso a los fariseos y miembros del Sanedrín, que vieron en Él un peligro?

¿Y hoy?

¿Dónde seguimos recibiendo a Jesús con la alfombra roja? ¿Dónde seguimos queriendo éxito, reconocimiento, flashes y cámaras, vítores y piropos? ¿Somos hoy también una muchedumbre que aclama a un libertador original, revolucionario, vistoso? ¿Somos la élite de la alfombra roja? ¿Somos fans de Jesús?

Cuidado con la alfombra roja, no nos haga tropezar…

Un abrazo fraterno

redcarpet1