Leo la lectura de Hechos de hoy y me veo reflejado en parte en ese pueblo judío al que Pablo no es capaz de evangelizar, de llegar. Ellos “ya saben”. Ellos ya tienen “su Dios”. Ellos han sido judíos “de toda la vida”. ¿Qué puede enseñarles ese converso de pacotilla, ese gentil de Tarso?

Pablo habla de un Jesús vivo, experimentado y conocido. Habla de un Dios que le salió al paso y que le puso todo patas arriba. Pablo habla desde su vida, desde su experiencia reciente pero intensa. A Pablo le arde el corazón.

¿Cuántas veces desconfío Señor de ese ardor de otros? Porque yo “ya sé”. Yo ya tengo “mi Dios”, “mi Jesús”, “mi Iglesia”. Yo soy católico “de toda la vida”. ¿Qué me estaré perdiendo Señor?

Pongo hoy, delante del Padre, la frialdad de mi corazón y de mi mente que, tantas veces, me impide darle a mi fe el ardor que otros hermanos me aportan. Amén.

Un abrazo fraterno

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