Yo no me quiero morir con la sensación de haber sido infiel a la llamada de Dios, de haber incumplido el sueño de Él para mí, de haber tirado mi vida en pos de cosas sin importancia, de haber dejado de hacer tanto…

Yo pienso esto todos los días. Pienso en cuando me vaya. Puede ser mañana. Puede ser dentro de 50 años. El caso es que, igual que Pablo o Jesús, quiero irme diciéndole a Dios: “Señor, lo he dado todo. No me he guardado nada. Lo he intentado. Sé misericordioso conmigo. Quiero estar a tu lado el resto de eternidad“. Yo quiero eso.

El día de hoy no ha sido bueno. No me gusta mi trabajo. Lo tolero pero convivo con esa sensación de que no puedo estar mucho más tiempo dedicando tanto a algo que no me llena, que no responde a lo que Dios me pide y que no saca de mí los dones que Dios me ha dado. Por ahora no queda otra, pero hoy ha sido muy difícil. Me siento muy cansado en este punto. ¿Debería ser valiente? ¿Debo ser prudente? ¿Quiere Dios que mueva ficha? ¿Quién lo sabe?

Me agarro a la cruz, resisto, rezo y confío en la jugada que tengo en mi mano. Amén.

Un abrazo fraterno

Oración en el huerto de Getsemaní