Jesús me envía al mundo. Yo no soy del mundo. Jesús me envía al mundo.

Jesús pide al Padre que me consagre en la Verdad. No en mi verdad. En la Verdad. La Palabra es Verdad, dice.

Hoy hablaba con un amigo, en twitter, la cantidad de creyentes que se pasan el día peleando por SU verdad. SU verdad política. SU verdad moral. SU verdad social. Creyentes y no creyentes. Cada uno defiende SU verdad. Eso es el mundo. Yo también me pierdo a veces. Normalmente cuando la Palabra se aleja de mi vida y la dejo en la estantería o simplemente en mi cabeza. Algo conceptualmente bonito que no cambia nada de mi ser ni de mi vida. Cuánta energía, cuánto tiempo, cuánto disgusto… y qué lejos Jesús de todo eso.

Hace varias semanas que llevo un Rosario en mi bolsillo. A veces lo rezo. Otros días se me pasan sin rezarlo. Pero meto la mano al bolsillo y lo agarro continuamente. Es un intento de no perder el centro, de pedirle a la Madre que me ayude, de hacer presentes los Misterios de Jesús en cada instante de mi vida. Es una manera de saberme enviado.

Conságrame a la Verdad, Padre. Amén.

Un abrazo fraterno

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