Conozco personas, más y menos cercanas, que expresan más de una vez su disgusto con el Antiguo Testamento y con el “Dios castigador” que se hace presente en él. Estoy por asegurar que la lectura de hoy del profeta Amós les desagradará. Es terrible y, no por ello, lejana en el tiempo.

Dios no debe estar contento con el mundo que vivimos hoy en día. Y es curioso que apartarle a Él de escena no es lo que parece dolerle más, sólo hay que leer a Amós con atención. ¿Qué hace este mundo con el pobre? ¿Qué hacemos con los desvalidos, con los niños, con los ancianos, con los no nacidos, con los que no producen, con los que no aportan al sistema? ¿En qué hemos convertido el sexo? ¿Qué hacemos con el dinero? ¿Dónde hemos dejado a Dios? Niños soldado, vagabundos y chabolas a las puertas de grandes boutiques, muertos de hambre y de frío, campos de refugiados, vallas, fronteras… Dios es deshauciado día sí y día también de este mundo, su casa.

¿Dios no puede enfadarse? ¿Dios no puede perder la paciencia por momentos? ¿No puede un padre compatibilizar su amor incondicional con dejar al hijo que se enfrente a las consecuencias de sus acciones? “Atención los que olvidáis a Dios” dice el Salmo… Atención…

El mundo ha olvidado a Dios. Es tiempo de recuperar la memoria. Empezando la tarea de puertas adentro. Yo también le giro la cara en ocasiones. Seamos imágenes vivas de Él. Que el mundo nos mire y le vea. Y el recuerdo volverá.

Un abrazo fraterno

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