Un día escuché una catequesis con este texto de Tomás, y otros, de fondo. Me quedó grabada. Jesús siempre trata a cada uno de manera distinta. Nos conoce y Él se presenta a nosotros y quiere nuestro amor personal y único. Por eso los caminos de fe son tan diversos y tenemos que respetarlos tanto.

Tiene pinta que Tomás era bastante racional. Jesús lo respeta y no pretende que sea quién no es. Jesús se presenta a Él con sus heridas de clavos y lanza y se las ofrece para que “toque”, para que “compruebe” que es Jesús, el Maestro crucificado en Jerusalén.

Otros tal vez no lo necesitaron. Otros necesitaron escuchar su nombre de boca del Mestro, como la Magdalena, para reconocerlo. Tomás necesitaba esto y Jesús se lo da. Y a partir de ahí, la vida de fe de Tomás cambiará para siempre.

Jesús me conoce, me respeta, me quiere como soy en lo profundo. Y viene a mí con humildad. Se abaja. ¡Qué grandeza la de mi Dios! ¿Hago yo lo mismo como creyente, como catequista, como padre, como amigo? Ahí queda.

Un abrazo fraterno

jesus-llagas