Cada vez que salimos de viaje rezamos. Un Ave María en el coche, un Padrenuestro antes de entrar al avión… nos ponemos en manos de Aquel que dirige nuestras vidas. Viajar entraña riesgos. Salir de uno mismo, partir hacia otras tierras acompañado o en soledad, afrontar retos, buscar la luz… no es algo sencillo.

Demasiadas veces ponemos nuestras seguridades y nuestra confianza en nuestras propias fuerzas, en nuestras propias intuiciones, en nuestros propios criterios o, también, cargamos las espaldas de otros que, a nuestro lado, nos ayudan, nos guían, nos acompañan. Pensamos que padres, gobernantes, obispos, empresarios, etc. harán que nuestra vida vaya mejor, que conducirán nuestros pasos a praderas más verdes… Sólo el Señor es nuestra Roca, sólo en Él debemos depositar nuestra confianza y, una vez hecho esto, podremos partir ligeros de equipaje y con el depósito de la alegría hasta los topes.

Pidamos menos a Dios y démosle más las gracias, alabémosle más, reconozcámosle Dios y Señor. ¿Cuántas veces lo hacemos? Demasiado pocas ¿a que sí?

Un abrazo fraterno