Hay una expresión que usamos a menudo para algo distinto a lo que realmente dice: “abrir los ojos”. “¡Tienes que abrir los ojos!” “¡Me has abierto los ojos!” Obviamente no quiere decir que los párpados estén recogidos y los globos oculares enviando al cerebro la información de lo que tienen enfrente. Cuando usamos esta expresión, el significado que tiene está íntimamente relacionado con la luz, elemento, por cierto, imprescindible también en el significado físico original. Luz: dar luz, iluminar, esclarecer…

Es curioso que para poder ver, aún siendo nuestros los ojos, nada podemos hacer sin este elemento que viene de fuera y que no nos pertenece, la luz. La luz nos es dada. La luz nos llega. La luz nos inunda. Pero nosotros no la tenemos. Si luz, de nada sirven los ojos. Nosotros no somos suficiente, no nos bastamos a nosotros mismos.

Interesante pensar en esto durante este Adviento: ¿Vives con o sin luz? ¿Es Jesús la luz que te hace ver? ¿Será la falta de Él la que te impide salir de la oscuridad?

Un abrazo fraterno