Es posible viajar de muchas maneras y, hoy en día, hay una variedad de medios de transporte suficiente como para poder elegir en base a las prioridades de cada uno. Viajar al corazón de la eternidad, viajar adonde la Humanidad nace, no es sencillo. Parece que no hay vuelos directos ni existe acceso de ferrocarril. Las opciones son reducidas porque viajar al lugar donde nace el Emmanuel es viajar al centro de mi propio corazón y eso, estaremos de acuerdo, requiere evitar vías rápidas y prisas injustificadas.

El viaje del Adviento requiere poco equipaje y la decisión inquebrantable de llegar en disposición de encontrarse con el Dios Hecho Hombre. No se puede llegar de cualquier manera. Hay que aprovechar la marcha para tomar conciencia, para mirarse adentro, para calmar las tempestades que anidan en nuestro corazón, para acallar las voces interiores que piden protagonismo, para limar las aristas que el pecado ha provocado en nosotros.

El encuentro con Jesús se vive ya en el deseo de encontrarse con Él y en la transformación que ese deseo produce en todo nuestro ser. ¿Cómo te preparas tú? ¿Qué cambios se están produciendo en ti?

Un abrazo fraterno