Hoy recibimos una buena noticia. No es normal en los tiempos que corren. Los medios de comunicación y las redes sociales, a veces, demasiado a menudo, nos trasladan la sensación de que el mundo es un caos gobernado por la tiniebla y la sombra. Pues bien, en medio de esta negrura, llega una buena noticia.

Una buena noticia es siempre contagiosa. Uno no la recibe y se queda con ella sino que ser receptor de buenas noticias te convierte automáticamente en portador de las mismas. Es el efecto boomerang de la alegría: va y vuelve por igual.

María recibió la mejor de las noticias. Tuvo la exclusiva y la primicia de que Dios iba a encarnarse, de que iba a hacerse uno de nosotros. Dios no podía dejar eso ahí. María sería su Madre, la portadora de esa Buena Noticia para toda la Humanidad por los siglos de los siglos, de generación en generación. El “alégrate” que le dirige el ángel llega a María e, inmediatamente, sale disparado hacia ti y hacia mí. Cuando nos sintamos faltos de buenas noticias, miremos a María y sintámonos hijos de la mejor Madre.
¿Cómo recibes tú las Buenas Noticias? ¿Miras a María de vez en cuando?

Un abrazo fraterno