Gusanito de Jacob. Creo que con esto está todo dicho. Y más hoy, después de varias conversaciones, encuentros y descubrimientos que me han hecho sentir muy pequeño.

Dios es mucho más grande que cualquier de nosotros. Mucho más poderoso que la nación más poderosa del mundo. Mucho más justo que el Tribunal de La Haya. Y mucho más misericordioso de lo que nunca seamos capaces de imaginar.

Somos una pequeñez. Y nos hundimos en nuestras pequeñeces. Somos minúsculos a su lado. Le necesitamos. No hay que avergonzarse de ello. Yo no quiero crecer nunca… siempre niño en los brazos de Dios.

Un abrazo fraterno