Los viajes dejan tiempo para pensar. Entre cabezada y cabezada, después del café, o cuando la conversación ya no da para más, uno a veces se recuesta y reflexiona.

Profesores, padres, madres, policía, jueces, presidentes, concejales, reyes, obispos… uno se para a pensar en todos los que son “figura de autoridad” y sorprende. Casi hay más “autoridades” que “mandados”… Pero un rápido análisis a los sentimientos que nos produce cada una de ellas, nos da a entender que no todas se viven de la misma manera. Hay autoridades que te viene dadas y que, normalmente, van con un cargo. Otras autoridades, uno las concede de manera natural. Y más allá de ellas mismas, uno se ve situado de manera distinta ante cada una.

Uniendo las autoridades al salmo de hoy, me pregunto a qué “autoridades” ofrezco yo mi lealtad, palabra tremendamente olvidada en un mundo de ida y vuelta. Ser leal es algo muy serio y, desde mi punto de vista, muy valioso. ¿Vivo a Dios como una “autoridad” en mi vida? ¿ Qué autoridades siento como yugo? ¿Cómo voy en nivel de lealtad? ¿Soy de fiar? ¿Me dejo dirigir?

Un abrazo fraterno