Algo no hago bien o de algo no me he enterado cuando sigo viviendo parte de la Ley del Señor como una carga y no como un “descanso”, como me dice hoy el Salmo. La Ley debería “alegrar el corazón” y si no es así, tal vez, es que no acabo de vivirla en plenitud, como nos planteó Jesús: desde el amor.

La Ley es un peso terrible cuando se vive simplemente como precepto, como “orden”, como mandato, sin amor. Es una losa. Así se ha transmitido muchas veces. Puedo decir que así se me ha enseñado muchas veces.

Es verdad que cuando muchos matices los he comenzado a vivir desde el amor, la cosa ha cambiado. La mirada es otra y la manera de vivir, distinta. El foco no se pone en la letra de la Ley sino en el prójimo, en uno mismo y en Dios. No se trata de hacer esto o lo otro porque así se me manda sino de hacerlo porque amo. Si lo hacemos así, podremos recitar el Salmo 18  con ternura y convencimiento. Queda mucho por hacer y mucho por testimoniar lo felices que nos hace cumplir la voluntad de Dios.

Así sea.