Dudas. No sé los demás pero a mí me acechan muchas veces y detecto que sigo creyendo porque la cabeza sigue apostando por la fe y porque, seguro, el Señor no me deja de su mano.

La ausencia de dudas no es signo de querer más al Señor. Posiblemente, nadie lo quería más que Pedro y fue él el que se hundía en el agua al temblar su fe y fue él quién lo traicionó en el último día.

A mí, últimamente, me acechan al contemplar determinadas circunstancias que no entiendo cómo son permitidas. gente mala que se sale con la suya, gente buena que no sale adelante… Incomprensible. ¿Y si todo esto de Dios fuera una patraña? ¿Y si realmente no existiera? ¿Qué decir cuando lo que sucede no cuadra con su Palabra?

Por eso, hoy, digo lo mismo que Pedro que, asustado por saberse solo en la barca, intenta salir a por el Señor aunque lo percibiera todavía como una sombra en la noche: “Señor, sálvame”. Sólo Él puede sostenernos y permitirnos caminar sobre las aguas en medio de la noche más oscura.

Así sea.