Dios condona las deudas.

Tras leer el Evangelio de hoy, podemos afirmar que en la UE, en EEUU, en el FMI, etc. a Dios se le ha metido en un cajón. Lo curioso es que las personas de pie todavía no hayan descubierto al mejor de los acreedores, a aquel que no pone intereses, que no buscar lucrarse, a aquel que da sin pedir nada cambio más que amor y fidelidad…

Dios perdona mi deuda y mi pecado. llevo experimentándolo conscientemente desde que acudí por primera vez al sacramento de la Reconciliación, el sacramento de la sonrisa. Una sonrisa que me brota siempre como consecuencia del abrazo de un Padre que me escucha, que me conoce, que me ama incondicionalmente pese a todo eso que no es en mi vida como a Él le gustaría. Él es un Padre que sabe el sufrimiento que cargo con mi pecado, el sufrimiento que le supone al mundo el mal acumulado…

Ser perdonado, acogido, reconstruido, rehecho, curado y sanado… es una de las claves de mi fe. ¿Qué sería sin el perdón de Dios? ¿Qué sería sin el perdón de los demás? ¿Qué sería de mí?

Así sea.