“Perdón, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha venido encima todo esto? ¿Dónde han quedado aquellos prodigios que nos contaban nuestros padres: “De Egipto nos sacó el Señor”? La verdad es que ahora el Señor nos ha desamparado y nos ha entregado…”

Vaya vaya con Gedeón. “-¡Qué descarado!”-  diría mi madre. Pero resulta que la pregunta y el cuestionamiento que se hace Gedeón es la pregunta que muchos tenemos ante Dios, ante aquellos que, días tras día, nos repiten que el Señor está con nosotros… Gedeón es hombre creyente, que conoce la historia de su pueblo, que sabe de cómo Dios salvó a sus antepasados, pero que mira a su alrededor y sólo escucha el cantar de los grillos en medio del sufrimiento y la persecución. Gedeón, como yo, también necesita de pruebas de esa “presencia”, aunque sólo sea para coger fuerzas.

Las dudas parecen para muchos signo de debilidad cuando en realidad son parte del ser creyente, siendo tan pequeños y limitados. Curiosamente, Gedeón es elegido y enviado por el Señor a la lucha. Dios, en su grandeza, en su aparente “silencio”, se sirve de los más pequeños para hacer su obra. Parece que a Dios no le importan tanto las dudas como la fidelidad.

Así sea.