Llevo días dándole vueltas a qué hacer para ayudar a nuestros hermanos sirios, iraquíes, afganos… que se agolpan en nuestras fronteras pidiendo ayuda, huyendo del horror, de la guerra, de la pobreza, del sufrimiento… Llegan en barco, patera, tren, caminando… Llegan cargados de hijos, nietos, hermanos, abuelos… Cargados de personas, historias y esperanza, con pocas cosas.

Si alguno todavía está buscando a Cristo, me atrevo a afirmar que hoy está en cada uno de esos rostros, atrincherado en nuestras fronteras, mirándonos y pidiendo que tendamos la mano y amemos. Es la misma parábola del samaritano en versión siglo XXI, en versión gran formato, en la puerta de nuestra casa.

Hay que dar el paso. No esperar a ponernos de acuerdo. No mirarnos unos a otros. No. Dar el paso y darlo yo. Coger al hermano, llevarlo a casa y curarle.

Un abrazo fraterno