Tú eres el Señor de los pequeños, mi Señor.

Me gusta compartir mi día a día con los pequeños, Señor, estar todo el día rodeado de niños y niñas. Me gusta que me abracen, que griten mi nombre cuando me ven por el patio, que sonrían cuando les sonrío, que recen conmigo en el oratorio, juntos, con mucha fe y con mucha naturalidad. Me hacen sentir que soy un poco Tú, Señor, y me hace pensar en la manera que tengo yo de buscarte a Ti. ¿Soy como ellos? ¿Corro hacia Ti? ¿Te llamo a gritos a lo lejos cuando te veo? ¿Río contigo? ¿Me abrazo a Ti?

Tú eres el Señor de los pequeños, mi Señor.

Me gusta saberme pequeño a tu lado, Señor. Necesito de Ti. Soy frágil pese a mi aparente fortaleza. Soy débil pese a mi aparente coherencia. Me pierdo pese a parecer que siempre voy por el camino correcto. Soy mediocre, Señor. Un pequeño que no quiere serlo… Pero me alivia saber que Tú te haces pequeño por mí, para mirarme a los ojos, para estar a la altura, para venir a por mí y hacerme grande.

Tú eres el Señor de los pequeños, mi Señor.

Sólo aceptando mi pequeñez, cambiaré mi vida. Sólo desde ahí, seré grande en Ti. Ten misericordia de mí, Señor.

Un abrazo fraterno