Gracias Señor, por darme el sustento para mi vida.

Tú sabes que seguirte no es sencillo. Hay que recorrer largos caminos, transitar por veredas pedregosas, atravesar puertas estrechas… Muchas veces me topo con la soledad, con la incomprensión, con la duda y el miedo. Muchas veces creo perder la fuerza para continuar adelante. Pero Tú me das de comer, Tú me alimentas, Tú me sostienes.

Gracias Señor, por darme el sustento para mi vida.

Lo noto. Noto cuando dejo de alimentarme, cuando falto a la Eucaristía, cuando olvido acercarme a la Reconciliación, cuando la oración desaparece. Mis músculos flaquean, cedo a las tentaciones, todo se torna de un color más apagado, sin brillo. El cuerpo y el alma pasan hambre y desfallezco.

Gracias Señor, por darme el sustento para mi vida.

Quiero sentarme a tu mesa en este Adviento. Ponerme mi mejor traje, perfumarme, peinarme y presentarme ante Ti con la mejor de mis versiones. Quiero participar en tu banquete, quiero saciarme con las maravillas que me tienes preparadas. Quiero estar ahí cuando vengas de nuevo y me invites a ser tu amigo.

Un abrazo fraterno