Tu presencia trae felicidad a mi vida.

A veces busco la felicidad en lugares, personas o cosas que, como mucho, me dejan un buen sabor de boca temporal. Vivo experiencias gratificantes, supero retos, disfruto con momentos compartidos… pero hoy leo la palabra de Isaías y me digo: quiero que vengas, Señor, y quiero que traigas todo eso a mi vida.

Tu presencia trae felicidad a mi vida.

Cuando te pongo en el centro, cuando decido desde Ti, cuando la vida gira en torno a Ti, todo parece ser mejor, la mirada parece sanarse y alegrarse y el mundo, a veces oscuro y enfermo, se torna regalo y premio.

Tu presencia trae felicidad a mi vida.

No hay Navidad sin deseo. No hay Navidad sin oscuridad, sin noche, sin frío. No hay Navidad sin pobreza ni incomodidad. No hay Navidad sin necesidad de Ti. Prepararse es mirar al frente y decir: “Sí, te necesito. Sí, te quiero. Sí, te deseo.”

Un abrazo fraterno