Tú eres mi Rey, niño, grande en tu pequeñez.

Nos nace un Rey. A veces olvido esto cuando llega la Navidad. Parece que lo del Niño Jesús es algo bonito, romántico, curioso, tierno y hasta un poco “happy” de más. Pero a veces pierdo la referencia. Celebro la Navidad porque en ella se nos fue dado un Rey, Aquél que gobierna el mundo, Aquél al que obedecen los vientos, Aquél que tiene en sus manos nuestras vidas…

Tú eres mi Rey, niño, grande en tu pequeñez.

Hablando de ello en el oratorio, ayer, con una clase de Primaria, decíamos esto: se nos ha ido la cabeza. ¡Un niño, un Rey! ¡Todos postrados ante un niño! ¡Todos adorando a un niño! ¡Un niño que viene a salvarnos! Es la apuesta de Dios por lo pequeño. Es la declaración más fuerte de Dios a favor de los pequeños. No hay palabra más contundente que el lloro de Jesús en los brazos de su madre.

Tú eres mi Rey. niño, grande en tu pequeñez.

¡Cómo no ibas a decir que de los niños era el Reino de los Cielos! Nos cuesta y nos resistimos a aceptar esto. Seguimos poniendo en los libros, en la firmeza, en el sacrificio, en valores adustos y absolutos nuestra salvación… ¡Si fuéramos más niños!

Un abrazo fraterno