Trampas a Dios (Mc 8,11-13)

Ponerle trampas a Dios es una de las grandes tentaciones de todos los tiempos. Los hombres tenemos necesidad de probarlo, porque nosotros nos andamos probando continuamente. Como no acabamos de aceptar lo que nos plantea Jesús de Nazaret, nos buscamos las maneras para dejar en contradicción aquello que nos cuestiona la vida. Trampa. Somos unos tramposos. Elegimos las palabras del Evangelio que más nos convienen en cada momento, las adaptamos, las retorcemos, las relativizamos, las manipulamos… todo con tal de adaptar el Evangelio a nuestra vida, y no al revés.

Queremos ser libres pero no valoramos nuestra libertad y cuestionamos continuamente que Dios no intervenga en la historia, en la nuestra y en la del mundo. Por supuesto, sólo queremos signos milagreros cuando nos conviene y para lo que nos conviene y, muchos, se pasan la vida justificando su vida de espaldas a Dios. Una pena. No por Dios, que no necesita de nuestro amor y de nuestra fidelidad, sino por nosotros, que optamos por vivir cerca de la llama en lugar de tocar el cielo con los dedos.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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