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A la luz de la Palabra

Reflexión íntima y compartida en la red

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Cartas

Día 25 #Cuaresma2017 #tuvoluntad

Os dejo hoy este magnífico poema de mi amigo jesuita Jose Mª R. Olaizola

Lo que quiero ser
Quiero ser pastor
que vele por los suyos;
árbol frondoso
que dé sombra
al cansado;
fuente donde
beba el sediento.
Quiero ser canción
que inunde los silencios;
libro que descubra
horizontes remotos;
poema que deshiele
un corazón frío;
papel donde se pueda
escribir una historia.

Quiero ser risa en los
espacios tristes,
y semilla que prende
en el terreno yermo.
Ser carta de amor para el solitario,
y grito fuerte para el sordo…

Pastor, árbol o fuente,
canción, libro o poema…
Papel, risa, grito, carta, semilla…
Lo que tú quieras, lo que tú pidas,
lo que tú sueñes, Señor…
eso quiero ser.

El perfume de la esperanza (Hb 6, 10-20)

Algunos dicen que el mundo está cada vez peor. Otros nos comentan que, estadísticamente, nunca ha estado mejor. El caso es que el color que lo envuelve todo, al menos así lo percibo yo, es fuerte, denso, oscuro, tristón. Como leía el otro día en el periódico, hay una auténtica crisis de estado ánimo; crisis que, seguramente, es consecuencia de otras crisis previas. A veces, como padre, pienso en el mundo que vivirán mis hijos y trago saliva…

Pero la palabra de hoy de Pablo a los Hebreros me anima ciertamente, porque me recuerda que es la esperanza la que me va a permitir no dejarme llevar por la desazón y tener mi confianza plena en el Señor. La esperanza que no es tragar con todo, mirar la realidad con ingenuo optimismo, ni descargar en Dios toda responsabilidad… La esperanza es más bien perfume, intuición, alimento perenne y seguro. Esperanza en la bondad del hombre, en la fuerza del Espíritu, en la promesa de Dios. Que así sea, amén.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

No quiero ser esclavo, mi Jesús… (Hb 2,14-18)

Vivir la vida como esclavo. Suena terrible. Lo suficientemente terrible como para querer luchar por otra cosa. Esclavo… dejando que me lleven sin oponer resistencia, que me manden, que me ordenen, que me dirijan, que me opriman y me digan lo que debo pensar, cómo debo vestir, lo que debo creer, lo que debo aceptar o rechazar, las personas con las que me tengo que relacionar, lo que tengo que estudiar… No tengo duda de que, si me dejo, alguien tomará el mando de mi propia vida. Esclavo del bienestar, de la comodidad, de la seguridad… esclavitudes tan apetitosas…

En cambio Jesús… Jesús… Él quiso ser como yo para tenderme la mano. No para evitarme los problemas, ni las tentaciones, ni las dificultades, ni los sufrimiento… no lo hizo consigo… pero su mano tendida es oxígeno, es ventana abierta, es brisa, es caricia, es libertad incomprensible para el mundo, pero libertad, verdadera libertad…

Señor, quiero coger esa mano que me das. Quiero saltar, salir… hacia Ti.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

 

Excusas sin entrañas ante el otro (1Jn 3, 11-21)

En el día en el que todos esperamos con ilusión que llegue la noche mágica de Reyes, previa a la mañana de los regalos, las sorpresas, la ilusión y la alegría… esta Palabra de hoy, a través de S. Juan, me cuestiona absolutamente y me deja ciertamente tocado:

Pero si uno tiene bienes del mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios?

¡Cuántas excusas me pongo y nos ponemos para justificar mirar a nuestro hermano, ver su necesidad y no hacer casi nada al respecto! ¡Cuántas excusas… para cerrar nuestras entrañas! Sólo dejamos, como mucho, que nos raspe en la epidermis de nuestra alma.

Hoy le pido a los Magos de Oriente, más entraña abierta, más entraña entregada, más entraña al servicio del otro.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Reconocer a Jesús en mi vida

Carta del apóstol San Juan 2, 29-3, 6
Evangelio según San Juan 1,29-34


Comienzo el año 2017 con el propósito de retomar este blog, el decano de mi actividad bloguera. El parón sufrido en el mismo ha sido también un parón en mi oración diaria… ¡Para que luego digan que las redes no pueden servir de ayuda a la vida cotidiana!

Hoy leo las lecturas y se me queda resonando con fuerza un verbo que aparece, de una u otra manera, en la primera lectura y en el Evangelio: RECONOCER. En el fondo, de lo que me habla hoy la Palabra es de la capacidad, o el don, de poder o saber reconocer a Cristo en mi día a día. Me habla de tener una mirada lo suficientemente limpia como para percatarme de que Jesús vive a mi lado a cada instante. Está en las personas que me rodean, en su bondad, en su simpatía, en su amabilidad, en su ternura, en sus caricias, en su mano tendida, en los whatsapp que me mandan y se interesan por mí, en su compromiso, en su fortaleza… Está en la madre amiga divorciada que lucha por sacar a sus hija adelante, en el familiar que lo deja todo por cuidar a su madre enferma, en el religioso que se desvive por los jóvenes y su futura felicidad, en los esposos que siguen peleando y construyendo familia pese a sus dificultades…

Esa mirada es, en sí misma, un don del Espíritu. Cuánto más abierto esté yo a Dios, más fácil me será mirar de esa manera. Cuanto más desordenada esté mi alma… más me costará encontrar a Jesús en los rincones de mi vida. Ordena mi vida, Señor. Toma el centro.

Un abrazo fraterno

Sin Espíritu no nos entendemos… #mioracióndehoy

Supongo que habéis tenido también estas conversaciones sobre Dios y la Iglesia que, al rato, ves que no van a acabar en ningún sitio. No tienen por qué ser conversaciones con ateos, agnósticos o pasotas obligatoriamente. Pueden ser conversaciones con personas de Iglesia, católicos, como uno, pero con diferencias en la manera de seguir a Jesús. Hay momentos en que llegas a un punto en el que sabes que no va a haber entendimiento.

La primera lectura de hoy me ha dado mucha luz al respecto. A veces, sin darnos cuenta, nos ponemos a hablar de “cosas del Espíritu” como si fuera un tema de gobierno, de política, de universidades, de empresa… Con la lógica que usamos para todo lo demás, con la manera de razonar que usamos para todo lo demás, con la manera de pensar y el lenguaje con el que afrontamos otras cosas de la vida. Y así se hace complicado. Porque “las cosas del Espíritu” requieren que las personas las miren, las contemplen y las valoren y asuman desde el Espíritu. Sin ese Espíritu “habitando” en las personas difícilmente se pueden “ver” determinadas realidades.

Orando sobre esto también he caído en la cuenta lo fácil que es juzgar a otros que no invocan ni desean que el Espíritu les habite. Sin esa perspectiva, ¿cómo vamos a actuar de la misma manera? ¿Cómo vamos a percibir al otro como hermano de la misma manera? ¿Cómo vamos a afrontar las dificultades de la misma manera? ¿Cómo vivir nuestros dones?

Un abrazo fraterno

¿Cansancio? ¿Miedo? ¿Desconsuelo? Jesús #mioracióndehoy

Es fácil descentrarse. ¡El día a día es tan complicado! ¡Hay tantas cosas que hacer! Para un papá trabajador como yo, viviendo en una ciudad como Madrid, al día le faltan horas si uno quiere hacer todo lo que quisiera. Los hijos, sus colegios, las tareas, los estudios a su lado, las idas y venidas, hacer la compra, la lavadora, tener la casa recogida, un ratito para descansar y encontrarme con mi mujer, el trabajo, los viajes… y luego todo el tiempo dedicado a los demás y a la evangelización… Parece imposible. Y lo es. Y el problema es que en toda esta vorágine a veces acabo desprendiéndome de aquello más importante.

Hoy me lo recuerda S. Pablo en su carta. Él habla de buscar a Jesús, de poner en el centro su Evangelio, de buscar en Él consuelo y fuerzas. ¡Qué necesitado de fuerzas estoy tantas veces y qué poco le busco! ¡Cuántas veces pienso que estoy siguiéndole y lo que estoy es inmerso en una vorágine personal de compromisos, acciones, respuestas…! ¡Cuántas veces afronto el futuro con desánimo, incertidumbre, miedo…! Signos, todos ellos, de haberle soltado la mano al Maestro…

Ayer celebré en fraternidad la festividad de S. José de Calasanz. Laicos y religiosos juntos, compartiendo carisma y misión, mirando al Fundador e intentando ser santos, como él lo fue. Su secreto fue, tal vez, no perder ese centro. Jesús, Jesús, Jesús. Y María para llegar a Él. Y oídos para escuchar al Espíritu y pies para seguirle allí dondequiera que nos lleve.Así sea yo, Padre.

Un abrazo fraterno

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