Como la lectura de hoy del Evangelio se me quedaba un poco descontextualizada, nos leimos en la comunidad todo el pasaje de Jesús andando sobre las aguas. Da para mucho. ¡Uf! Para demasiado. Y no estaba yo para mucha profundización porque el cansancio del fin de semana me impedía ir muy allá. Pero es claro que Jesús permitió a sus amigos vivir la experiencia de “remar en el mar” sin Él, perdiendo de vista lo que había sucedido en la multiplicación de los panes, dice Marcos. En el fono no habían entendido nada dice el evangelista. Y cuando los vientos empiezan a soplar en contra, el miedo, las dudas, los cansancios… afloran poniendo en riesgo la travesía.
Sólo cuando Jesús vuelve a estar en medio, los mismos, recuperan la calma. Saben que no están solos. Y la presencia de Jesús a su lado aplaca sus vaivenes.
Muy en la línea de estos pasados días, vemos que las seguridades humanas, nuestros cálculos y razones, poco pueden en la travesía. Remar solos es complicado porque las fuerzas que soplan en contra son demasiado fuertes. En cambio, cuando nos planteamos la vida desde el “dar”, desde “lo mejor de uno”, desde Jesús, con Él en medio… todo es más fácil y el resultado más óptimo. Vuelve a renacer en mi ese sentimiento de confianza…
¿Cómo es que Jesús no pudo hacer allí, en su tierra, ningún milagro? ¿No es el Señor todopoderoso? ¿No era Jesús capaz de hacerlo? ¿No os resulta curioso que el Evangelio use la palabras “no pudo” en lugar de “no quiso”? A mi me ha llamado la atención y me ha hecho reflexionar un poco acerca de Dios y los milagros de la vida.
Yo sí creo en los milagros. Yo sí creo que, cada día, suceden cosas en nuestras vidas que no tienen demasiada explicación. Nuestras vidas mismas, a veces, son un auténtico milagro. Miro la de piruetas que hay que hacer con los niños, las enfermedades, los trabajos, las familias, los horarios, los compromisos, los estudios, los imprevistos, etc. y me parece auténtica magia lo que hacemos. Y otros mucho más que nosotros. Veo el milagro de muchas familias para llegar a fin de mes. El milagro del amor que mantiene a una familia feliz pese a todas las dificultades. Veo el milagro de los que siguen caminando pese a la cantidad de palos que les ha dado la vida… Los milagros existen sin duda… Y no son sólo méritos humanos. Dios, silencioso, nos ayuda y nos sostiene para que sus proyectos sigan adelante, para que sus sueños se cumplan poco a poco.
El secreto está sin duda en que para que el milagro suceda hay que darle espacio, hay que estar dispuesto a poner parte de la vida, del día a día, en terreno pantanoso, inseguro bajo nuestros pies. No hay milagro donde la seguridad abarca el 100%. Querer, conscientemente, afrontar batallas, retos, sueños… sin la total certeza de que vayamos a salir victoriosos pero con la esperanza de que podemos estar jugándonos parte de nuestra felicidad… es dejar a Dios que obre el milagro. Efectivamente, allí Jesús NO PUDO. Nadie estaba dispuesto a aceptar tal cosa.
Hoy, día de la Presentación del Señor en el Templo, alabo a mi Señor. Día de alabanza. Aquís os dejo la canción de Juan Luis Guerra para empezar bien el día…
Ayer domingo ya nos encontramos con unas lecturas tremendas. Yo las escuché como dirigidas a mi, como casi siempre. Ayer especialmente. Y hoy volvemos. Resuena y resuena este “el Señor me sostiene” del salmo. Con un David en problemas en la primera lectura, arrinconado y cuestionado por parte de los suyos, y con un poseido al que Jesús devuelve a la vida como quien dice.
El Señor me sostiene. Aunque parezca que el mundo me arrincona. Aunque parezca que no voy a dar más. Aunque parezca que mi vida la manejan muchos “espíritus”: el tiempo, el trabajo, el cansancio, los contratiempos del día a día… El Señor me sostiene. Lo creo firmemente.
A veces me paro y me comería el mundo y llevaría a cabo mis más ilusionantes proyectos. Al momento me entran todos los miedos del mundo y me cuestiono y pongo en duda mi determinación y le doy un aire de irresponsabilidad. Pero al momento me pregunto: ¿es el miedo el que me hace pensar esto o la sana prudencia? ¿Sí o no? ¿Qué hacer? Y me carcome este dudar… Supongo que es parte de la lucha.
La clave la daba ayer S. Pablo: AMOR. Y que venga lo que Dios quiera. Él conoce a quien ha elegido y a ése lo sostiene.
Una de las mayores preocupaciones que puedo tener como padre es la duda de que todo lo que les quiero transmitir a mis hijos, todo lo que les quiero enseñar, todo lo que quiero que sepan de Dios y de su Iglesia, todo lo que quiero que sepan del mundo, de las personas, de la familia, de la sexualidad, del trabajo, de los sueños… llegue a dar fruto.Uno tiene miedo a equivocarse, a adelantar lo que debería esperar y a postergar lo que se debería ya enseñar. Uno tiene miedo de repetir errores o de errar por quererlo hacer diferente.
Y hoy llega esta Palabra a casa y me sosiega. La semilla germina y va creciendo sin que el sembrador sepa cómo. Confío en que Dios haga su trabajo y en que mis hijos hagan bien el suyo. Yo, mientras, sólo puedo sembrar. Como sé. Desde lo que soy. Con amor. Sin tapujos. Sin mentiras. Y poco más. No se puede llegar a más. Cometeré errores y tendré aciertos. Pero siempre dispuesto a mojarme, a jugármela, a sufrir… En términos futbolísticos… no voy a dejar de tirar el penalti por miedo a fallarlo. Que el Señor me ayude.
Sin tierra profunda no hay siembra que valga. Es algo constatable. Parece que la semilla llegó a buen puerto pero finalmente se sale y se pierde.
Tengo que claro que uno de los principales esfuerzos a hacer no es tanto sembrar como ayudar a que las tierras tengan la profundidad suficiente para recibirla adecuadamente. Empezando por mi, muy dado a consumir experiencias y no siendo traspasado por algunas de ellas. He mejorado mucho en este campo y he aumentado mi silencio interior y mi capacidad de sana soledad interior y exterior.
A veces nos pensamos que las cosas deben hacer mella y no entendemos por qué la gente es tan volátil. Bueno, aquí está la respuesta. Tierras poco profundas… y eso no depende de Dios ni de hablar mucho de él… Eso tiene relación con el crecimiento personal, la madurez y la capacidad para conectar con uno mismo y sus emociones.
Dios no me ha dado un espíritu cobarde. Dios me ha dado dones suficientes. Dios me ha llenado de amor y energía. Dios me ha dado fuerza para mucho.
¿Por qué pues a veces me comporto como un gorrión cuando estoy llamado a ser águila? ¿Por qué tengo miedo si Dios está conmigo? ¿Por qué aspiro a poco cuando estoy llamado a conseguir mucho? ¿Por qué minimizo mi vida cuando es tan valiosa en las manos de Dios?
Hoy en mi oración quiero poner delante de Dios a mi comunidad, a Betania, a aquellos que me llevan de la mano en mi camino.
No siempre es posible ver aunque uno tenga claro que es llamado y que le espera una importante misión. Aunque uno sienta que Jesús le espera para algo y que una tarea debe ser comenzada. La oscuridad, las dudas, la impaciencia, el no saber por dónde seguir, el no conocer los designios del Padre… a veces impiden caminar adecuadamente. Y hay que vivir, como pablo, la experiencia de ser llevado por otros, de que otros que caminan a tu lado te cojan de la mano y anden junto a ti. Tampoco saben exactamente adónde te llevan ni tienen la respuesta a tus preguntas pero su labor terapéutica y pacificadora es vital para no pararse. Son los que siempre están.
Las familias son algo difícil de manejar. Porque aunque haya amor y cariño, esa proyección públice de Jesús, ese meterse en líos constantes, ese decir lo que nadie se atreve, ese ir en contra de lo establecido, ese juntarse con leprosos, prostitutas y publicanos… no debía de hacer mucha gracia. Creo que con afán protector, más de una vez, debieron decirle a Jesús que se olvidara de eso que hacía.
La fortaleza de Jesús le lleva a distanciarse de su familia en pos de su misión. Lección que hay que aprender hoy en día. Sacudirse los chantajes sicológicos, los afectos y responsabilidades y ser uno mismo. Jesús decide no representar el papel que otro quieren para Él.
¡Ha llamado a mi puerta!Y mi casa crece.Y mi casa acoge.Y la gente viene.Algunos un día,otros para siempre.Y mi templo crece.Y mi alma acoge.Y la gente viene.Y mi casa es nuestra.Mía, tuya y de quien la quiere.Acaso no ha estado ahí siempre.Y me siento vivo,a veces, alegre.Siempre con sentido.Y la gente llama.Si quieres, te vienes.Algunos un día,otros para s […]
Siempre pensé que había nacido para ir despacio, rematando, sin dejar flecos. Fue otro de los errores de partida. Adaptar ritmos ha sido una de las tareas más difíciles del matrimonio; Luis nació para ir en moto y no parar mucho en cada sitio. Así que este fin de semana que él no estaba decidí salir de casa lo imprescindible y aprovechar para leer un poco y […]