¿Qué hago cuándo Dios permanece en silencio? No me digas que tú no lo has notado a veces. Dios parece que duerme, que asume, que acepta, que otorga, que permite… que todas las atrocidades del mundo pasan delante de su mirada sin causar el más mínimo efecto. Hay veces que siento que Dios ya no camina con nosotros, que se ha ido. Y no me vale eso de que es el hombre el que lo rechaza… Somos muchos los que queremos que esté a nuestro lado y proteja al mundo, al pobre, al débil… pero no recibimos ninguna señal de vida al otro lado.

Israel, ante este silencio, se olvidó de Dios. No exactamente… Se buscó otros dioses, porque siempre necesitamos algo en lo que creer. Israel decidió depositar su confianza y su esperanza en un becerro de oro, hecho con sus propias manos… ¿Y yo? ¿Qué hago yo ante el silencio imperturbable, misterioso y molesto de Dios?

Intento mantener la oración, la relación y la confianza pero me cuesta mucho. A veces veo que se me apaga el optimismo y la esperanza y que Dios, efectivamente, nos ha dejado. La tentación está servida. Deposito mi confianza en mí mismo y en mi capacidad para solucionar los problemas, los míos y los del mundo. Deposito mi esperanza an los hombres y en su inteligencia, en los gobiernos, en las instituciones humanas… pequeños becerros de oro que, a la postre, tampoco son capaces de solucionar los problemas.

Me cuesta llevar el silencio de Dios pero intento no caer en la tentación de obligar a Dios a manifestarse. Su silencio es también una palabra. Su silencio es misterio, expresión verdadera de su ser Dios. Ojalá sepa esperar también en estos tiempos…

Así sea.